miércoles, 17 de octubre de 2012

LA LIBERTAD







Con esa precisión inaudita de mujer abnegada, Julia preparaba la comida de su esposo todos los días. No podía variar ningún ingrediente de la receta que él previamente le dejaba en la mesa de la cocina, si lo hacía y el guiso estaba salado o insípido Julia sufría todo el peso de su ira.
Hoy estaba dispuesta a saltarse la norma, había encontrado un ingrediente que mezclado con el resto pasaría inadvertido en su estofado y sin embargo le proporcionaría la libertad. Su madre le indicó que con aquella pócima su esposo se olvidaría de ella para siempre; por fin podría vivir y ser feliz.

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