miércoles, 27 de agosto de 2008

LA DUDA

Había una vez un rey en un país del norte, que tras pasar muchos años siendo el monarca y disfrutando de las comodidades de su cargo, empezó a tener dudas… Pensaba “Como es posible que yo esté gordo, si mi pueblo parece famélico”, “No entiendo como mis súbditos no saben leer, si para mí no supone ningún misterio”, “¿Por qué mí ropa está siempre impecable y la suya en cambio apesta”?, “y a pesar de todo
¿Por qué ellos sonríen siempre y yo me paso el día triste y absorto en mis pensamientos?”
Estas y otras muchas cuestiones atormentaban al rey, era tan grande el grado de preocupación que dejó de comer y dormir pero nunca transmitía a nadie sus dudas, era como un reto que se había impuesto, necesitaba saber, comprender…
Una madrugada el rey partió en su caballo sin decir nada a nadie, sólo dejó una nota donde pedía a su madre que le regentara en el trono hasta su regreso.
Cabalgo durante días enteros con sus respectivas noches, paró lo necesario para que su caballo no desfalleciese, atravesó montañas, bosques, ríos, abismos y tras semanas enteras al fin nuestro rey cayo exhausto frente a un poblado en las tierras del sur…
Cuando despertó estaba en una cama, y dos personas lo miraban, se sobresaltó, y tras recuperarse entendió que estaba ante el posadero y su hijo que lo habían visto caer mientras cogian hierbas para sus platos; ellos decidieron ayudarlo. Al principio pensó en decirles quién era, pero por otro lado dedujo que si lo hacía no obtendría respuestas, por tanto declaró.
-Me dirijo al oeste, soy un simple hortelano en busca de tierra para trabajar, pero les debo la vida, me quedaré en este pueblo un mes, donde les ayudaré en la posada a cambio de comida y un pajar donde dormir.
-Joven no es necesario (contestó el posadero).
-Debo hacerlo soy un hombre de palabra y debo cumplir.
Así el rey pasó un mes trabajando codo a codo con el posadero y su hijo, descubrió la satisfacción de tomar una cerveza fresca tras una jornada de trabajo intenso, las carcajadas de mano de un conversación de dos amigos, la sensación de cansancio la falta de tiempo, y la ausencia de pensamientos, descubrió el olor del trabajo y el sabor de la recompensa de un pequeño almuerzo. Apreció los sabores, los olores y cuando acabó el plazo sintió un pesar inmenso. Pensó.
_” He sido feliz, he reído, llorado y no he tenido lujos ni caprichos, y la gente que me rodea me valora, me aprecia y me estima, antes sólo me temían ¿me quedo?”
“No, no debo huir de lo que soy, sino aplicar lo aprendido en mi responsabilidad como rey, sé que si lo hago el país estará bien gobernado las leyes serán mas justas, los impuestos mas equitativos; un rey debe velar por su pueblo no atormentarlo y maltratarlo, un monarca íntegro debe ponerse en el pellejo de cada uno de sus súbditos y entender su rol en la sociedad, respetarlo y valorarlo.
El rey partió a su tierra la mañana en que finalizó su compromiso con el posadero, muy a su pesar, se despidió de todas las amistades sinceras que había hecho y se dirigió a su reino. El viaje era largo y debido a su estado ahora mucho menos alimentado y famélico el monarca no aguantó el trajín y falleció en el intento de regresar a su reino.
Trascurridos muchos años se encontraron los documentos que el monarca escribió de su vivencia, y estos documentos fueron enviados a todos los reyes del planeta…
Es obvio que casi ninguno leyó nunca los documentos o si lo hizo jamás lo aplico con su pueblo.

1 comentario:

luis623623 dijo...

la sabiduría de la vida se desperdicia en nuestra existencia, adquirimos la experiencia demasiado tarde...

que pena que los sabios tengan la misma atención que los padres cuando aconjean al hijo rebelde...

¡suerte...!